Borjacademia

Un joven llamado Winston Churchill

Fue John Churchill, uno de los hombres más poderosos de Reino Unido a inicios del siglo XVIII, comandante en  jefe de los ejércitos británicos en la guerra de sucesión española  (en la que se enfrentaron Francia, España y Baviera contra Inglaterra y Austria) y fundador de la dinastía Churchill. En 1704, cuando las tropas francesas se disponían a tomar Viena, John libró una batalla decisiva cerca de la aldea de Blindheim, que frustró el plan de ocupación. Como resultado del éxito obtenido en dicha batalla, en un gesto de gratitud, Inglaterra le concedió al alto militar el trato de héroe. Además, le fue otorgado el ducado de Marlborough para él y su descendencia, siendo de esta manera el primer duque de Marlborough.

El primer Duque se convirtió por lo antes referido en el modelo a seguir por  Winston Churchill, lo que necesitaba como motivo para concretar sus íntimas aspiraciones. Esto así relatado en el libro “Breve Historia de Winston Churchill” de la autoría de José Vidal Pelaz López, en el cual nos inspiramos para esta reflexión.

“El Pequeño Winnie”

“El pequeño Winnie”, como era llamado familiarmente Winston Churchill, había nacido en excelentes condiciones; Su padre, Lord Randolph Churchill, político inglés de estirpe, miembro del parlamento y Secretario de Estado en distintas ocasiones; su madre, Jeannie Jerome, hija de Leonard Jerome, corredor de bolsa de Nueva York, a quien no se le conoció linaje ni mérito alguno. Sus progenitores, más que asegurarle al infante “Winnie” la permanencia en la clase alta o  “Upper Class” del Reino Unido, propiciaron un ambiente hogareño completamente disfuncional, generando en el crecimiento de Churchill una rebeldía y una animadversión frente a todo cuanto le rodeaba muy especialmente con los estudios, sentimiento que se acentuaba en el discurrir del tiempo.

Winnie  fue un estudiante mediocre e indisciplinado. Odiaba fuertemente las matemáticas y el latín; sin embargo, desarrolló un amor acendrado por la historia y las letras. En numerosas ocasiones fue expulsado de los centros académicos donde cursaba sus estudios, por bajas calificaciones y por mala conducta. En lo único que se destacaba era en ser solitario, reservado y por el alto valor que mostraba al enfrentarse a sus compañeros, que continuamente lo hacían objeto de burlas y bromas pesadas. Esa actitud provocó en sus padres un sentimiento muy marcado de decepción, dejándoselo saber en cada reprimenda que le daban, aumentando de esta forma todo el resentimiento que albergaba dentro de sí.

El hecho que marcó de forma definitiva el destino de Churchill, ocurrió durante unas vacaciones de verano en las que visitó el palacio de Blenheim. Allí se enteró de todas las hazañas del primer duque de Marlborough, al recorrer todos los salones donde se hundían en el polvo y el olvido las pertenencias del extinto héroe, entre las cuales despertaron un alto interés en él, las espadas y demás armas de guerra que le dieron gloria a su antecesor. Este episodio, en el que Winston encontraba la figura perfecta a seguir, no hizo más que acrecentar su decidido empeño en mostrar algún día que no sería un perdido, como en alguna ocasión lo presagiara su padre, sino que sería  uno de los más grandes líderes del siglo XX, de Europa y el mundo.

Lord Randolph, en una visita inusual a sus hijos, encontró al pequeño Winnie junto a su hermano Jack, jugando con soldados de plomo, en el momento justo en que Winston formaba a los soldaditos de manera estratégica y cuasi perfecta, dispuestos para el ataque. Este solo atinó a preguntarle si quería ser militar, a lo que sin titubeos Winston Churchill respondió afirmativamente y de inmediato empezaron las gestiones para la nueva etapa de su vida.

Tiempo después, luego de haber sido un estudiante mediocre y un hijo necesitado de afecto, de haber ingresado a la academia de Sandhurst en la que duro casi dos años, Winston Churchill sale bien formado y hecho una joven promesa militar, que con tan solo 21 años, según lo cita José Vidal Pelaz López en su libro, abría las puertas de su futuro con estas poderosas palabras: “El mundo se presenta ante mis ojos como la cueva de Aladino”. Era cuestión de entrar y apropiarse del tesoro. Y ya había logrado entrar.

“El Joven Winston Churchill”

En una ocasión en el periódico Daily Mail de Reino Unido fue publicado este análisis en referencia al joven Winston, abrimos la cita: “En años es un muchacho todavía; en temperamento también; pero en intención, en la existencia de un plan deliberado, en la adaptación de los medios al fin es ya un hombre […] Mr. Churchill es un hombre de ambiciones fijas, con los pasos que hay que dar para su realización claramente esbozados […] A los treinta años no habrá lugar para él en el Parlamento, y a los cuarenta, en Inglaterra”, termina la cita.

Winston por fin podía dedicarse a alcanzar y practicar lo que realmente le interesaba además de la milicia; la política. Es por ello que cultivó grandes relaciones en esa época, visitando los lugares de moda en la alta sociedad y disfrutando del champán y los gustos caros.

Churchill, anhelaba la victoria de una guerra o un hecho heroico que lo catapultase a la fama dentro y fuera del Imperio Británico.  En sus primeras luchas mostró ser un militar aguerrido, de una suficiente valentía. Precisamente, un estallido colonial en Cuba (a la sazón ocupada por España) le dio la oportunidad. Se las arregló con el embajador de Su Majestad en Madrid, amigo de Lord Randolph, para venir al Caribe en calidad de “observador y reportero”, ocasión en la que desarrolló su capacidad para las letras, redactando crónicas de lo acontecido. El joven Winston en esa ocasión, en forma inesperada, había presenciado un combate real;  regresando a Inglaterra con el reconocimiento de haber sido el hombre que con un ágil movimiento evitó ser impactado en la cabeza por una bala que, con su destreza, logro dar al último caballo de los insurgentes. Hecho que empezaba a darle la preeminencia militar que deseaba y que perduró hasta morir.

En fin, la formación y la preparación profesional de una persona son guiadas habitualmente por un modelo, del cual nos convertimos en un reflejo. Churchill, no solo encontró en John Churchill ese ejemplo a seguir, sino que actuó como él y lo superó; a pesar de las amargas circunstancias que le acompañaron en su vida.

Winston Churchill, de poseer un mediano aprendizaje escolar y de su precariedad familiar, fue un prominente militar y político, sobrepasando las trayectorias, tanto de Lord Randolph como la del Duque de Marlborough. Quedando en esta reflexión, más que como el hombre que enfrentó a Joseph Stalin, como el que derrotó a Hitler, como el que salió triunfante en dos guerras mundiales, como el que fue dos veces primer ministro del Reino Unido y como el premio nobel de literatura, “como el joven que con su esfuerzo y perseverancia triunfó en sus aspiraciones, legando en términos humanísticos una historia de éxito”. Quien en una ocasión, con una sola frase del destacado escritor inglés Edward Bulwer,  dio una lección de que ante tanto éxito político y militar (en guerras que fueron en detrimento de la humanidad), la paz (por medio de las letras) es el mejor camino para el progreso y el desarrollo de las naciones, dijo lo que sigue: “Después de todo, hemos sabido que la pluma, es más poderosa que la espada”.

No sería ocioso terminar con las esclarecidas palabras que pronunciara al momento de su proclamación como primer ministro, que todavía  resuenan en todo el mundo, cito: “[…] No tengo más nada que ofrecer sino sangre, sudor y lágrimas”, termina la cita.

Tal es aun, como la de esas letras, la inconmensurable dimensión de, Winston Churchill.

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