Borjacademia

Sobre Don Jimmy Sierra

“Leonel: me dicen “el teórico” a mi, pero este es más teórico que yo”. Así se refirió Don Jimmy Sierra sobre el suscrito como introducción a un encuentro que sostuvimos con el Dr. Leonel Fernández donde tratamos la socialización de la obra Idolatría en diferentes universidades nacionales e internacionales. El Dr. Fernández respondió: “¿El profesor Borja? Es un joven muy agudo e inquieto por las ideas”.

Conocí a Don Jimmy siendo un niño, por medio de las cápsulas históricas que transmitía por televisión. Luego, lo seguía como crítico de cine y escritor. Sin embargo, no lo identificaba rápidamente en mi memoria en cualquier momento.

Años después le pido a mi buen amigo, Omar Fernández, hijo del Dr. Leonel Fernández, que me señale a un amigo verdadero de su padre que no tenga ninguna exposición política, sin rechistar, contestó: Jimmy Sierra. Su nombre me fue sonoro en ese momento, pero, aún así, no lo relacionaba con la misma persona que cuando niño veía en televisión disertando sobre historia y cultura. Luego, nos presentaron formalmente y tuve la oportunidad de comentárselo.

En la medida que comenzamos a participar de actividades públicas y políticas en la cercanía del expresidente, lo veía siempre acompañar a su amigo con mucha modestia y discreción. Me quedaba fijamente observándolo. No pasábamos de la cortesía y el respeto de un saludo mutuo.

Posteriormente, en un viaje a Nueva York, Omar, presenta a quien escribe y a otros amigos que le acompañábamos, a un sobrino de Don Jimmy: Ezequiel Sierra. De ahí, surgió una amistad que ha permanecido en el tiempo con raíces sólidas. He tenido conversaciones muy profundas con Ezequiel, sobre temas que, por su complejidad e implicación racional, le hacen honor a su apellido.

En el devenir del tiempo, fui interactuando con Don Jimmy, sabiendo sobre él y leyendo cuidadosamente sus escritos. Un día, en el mismo entorno, me dijo: “Yo creo que leí un artículo tuyo. Muy bueno. ¿escribes con frecuencia?”. Le contesté: “Si, con la frecuencia de un escritor”, aludiendo con sarcasmo a la particular periodicidad de producción que tenemos los escritores. Todavía recuerdo sus carcajadas. Don Jimmy fascinaba del sarcasmo. Ahí conectamos. A cada encuentro los intercambios se hacían más intensos.

Un día me invitó a colaborarle con su última obra: Idolatría. Lo hice lleno de entusiasmo, orgullo y gratitud. Lamentablemente, quedaron algunos eventos pendientes.

Al estrechar ese vínculo, me di cuenta de que lo admiraba profundamente. A tal punto que, lo he colocado en mi modelo a seguir, después de mi papá. Esto así, por su estilo frugal, desinteresado y altamente dedicado a las letras, a la literatura, a la historia y a asuntos propios de la cultura. Esos son mis intereses en la vida.

Dicho interés me ha generado el debate con algunos amigos que, me cuestionan respecto de cosas materiales que entienden son de mi fascinación. Sin embargo, por razones inoportunas de ventilar hoy, no logran entender que unos zapatos “de marca”, un buen traje o reloj, etc., no son más que un instrumento o herramienta de trabajo para desenvolverse en el sistema que ha predominado en la humanidad, exponencialmente, después de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, una de las penas más profundas que puedo considerar es que he tenido que sucumbir a la necesidad imperiosa de la producción económica para el sustento de la vida, cuando, el que me conoce a profundidad, puede saber que debo ser una de las personas más desapegadas al dinero y a lo que el mismo implica. Nunca he albergado ambiciones de ese tipo.

En fin, Don Jimmy, vivió de manera honrada para lo que quiso. Con luces y sombras como todos los seres humanos. Me quedaron preguntas por hacerle, pues la mayoría de nuestras conversaciones parecían una entrevista de mí hacia él. Tengo la satisfacción de haberlo conocido, de haberle colaborado y de que, hoy por hoy, su ejemplo sea parte de mí.

Al enterarme de su muerte solo pensé en el Dr. Leonel Fernández y, al verlo llorar en la velatorio, no comprobé que tipo de amigo es el Dr. Fernández, sino, más bien, el gran e insustituible amigo que fue Don Jimmy Sierra para el expresidente y otros tantos que tendrán una historia que contar sobre “El Teórico”.

Ahora que Don Jimmy no estará físicamente entre nosotros, guardo como un alto honor que me haya calificado en vida como “teórico”, aunque en el momento no significara nada más que una chanza.

¡Que Dios le conceda la paz eterna!

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