Borjacademia

Juventud en política “hasta la tambora”

Fue Johnny Ventura quien popularizó la expresión “hasta la tambora”, en un merengue que dice: “Lo mío no es nuevo, no es cosa de ahora; yo soy merenguero, hasta la tambora”;  frase con la que hace referencia a su apego y fidelidad al género musical que interpreta.

Dicha frase puede extrapolarse al ámbito político de nuestro país, muy especialmente en lo que a la juventud se refiere, debido al estímulo de participación política que puede despertar en los jóvenes un líder de trayectoria altamente conocida.

La fórmula de Lasswell

Parafraseando el esquema de Harold Lasswell de “quién da qué, a quién, por qué medios, con qué efectos”, encierra, en gran medida, todo el sentido que puede tener la participación política, y no sólo en cuanto al partido o líder se refiere, sino también al que simpatiza por estos más allá del elemento moral e ideológico.

En la República Dominicana es así. La simpatía mostrada a un líder puede estar motivada, principalmente, por tres aspectos, que son: lo que dio,  lo que da o lo que se espera que dé; en algunos casos todas las anteriores coinciden simultáneamente. Lo que impulsa la simpatía hacia una agrupación política o hacia su líder no es solo la vocación de servicio y la convicción democrática que ha de tenerse; sino, también, esos tres elementos antes citados.

Esto no quiere decir que la atracción que pueda causar un líder sea únicamente producto del intercambio de favores; también se da por cualidades inmanentes al líder, casos realmente excepcionales.

La relación de seguidor a líder y de gobernado a gobernante, plantea múltiples retos de ambas partes, haciendo de la política una actividad más delicada y apremiante en determinadas coyunturas, tales como una campaña electoral o la instalación de un nuevo gobierno.

Retos políticos

Lo antes referido supone dos retos principales especialmente en la juventud: primero, participar activamente en una causa política bajo la tutela de un liderazgo, con total fidelidad sin esperar más que la satisfacción del sacrificio y la lealtad; y segundo, por parte del líder, el reconocimiento justo y equilibrado de quienes le han correspondido con absoluta entrega e inquebrantable lealtad, en difíciles circunstancias que suelen relegarse a un plano inferior en el fragor de una campaña electoral y en el esplendor de un nuevo gobierno.

Los jóvenes debemos de evitar la reproducción de acciones y actitudes que promuevan el favoritismo. Tenemos que abrirnos las puertas unos con otros, colaborar en todo cuanto nos sea posible con nuestra propia generación y entorno. Más aun, aportar nuestro modesto concurso a la construcción de una sociedad más desarrollada e inclusiva, con denuedo y firmeza, sin caer en el menosprecio de los rezagados o portadores de un interés mercurial respecto a la actividad política. Esto así con el objetivo de resarcir las deudas sociales acumuladas en campañas electorales y gobiernos, y para así contribuir a adecentar el quehacer político en la República Dominicana.

Los líderes que protagonizan la política nacional tienen ante sí una nueva oportunidad para demostrar que su participación es motivada fielmente por su vocación de servir al país y no para favorecer intereses de oportunistas que solo sacan la cabeza cuando alguna de sus argucias están por consumarse. De igual forma, para reconocer merecidamente a la juventud que ha ido surgiendo con los valores de lealtad, sacrificio y entrega a una causa.

Finalmente, sería un hito lograr una juventud desinteresada, unida y leal a su líder, lo que se traduciría en el éxito de toda una generación que verdaderamente es apegada y fiel a la política “hasta la tambora”.

De su lado, los líderes actuales traerían de la historia con su trabajo y ejemplo, las proverbiales palabras pronunciadas por un finado político dominicano, que dijo: “He procurado cumplir mi deber en conciencia, haciendo justicia a todo el mundo y no siendo injusto con nadie”.

Al explayar estas letras, se escurre nueva vez aquella estrofa del merengue de Johnny Ventura, que dice: “Lo mío no es nuevo, no es cosa de ahora; yo soy merenguero hasta la tambora”.

Vuelve a ser un merengue de primer orden.

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